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Bestuario

Pt. 2

 

Este término proviene del latín Bestiario, aunque los diccionarios digitales de office y buscadores de internet lo reporta como una falla ortográfica, la palabra se construye a partir de los términos de Bestia – Bestiario.

El bestuario de Rubén Barrios: Archivos de una pulsión

 

Una obsesiva com-pulsión por archivar llevó a Rubén Barrios a recolectar y guardar piezas de un pasado que le relacionaba o que le distanciaba. En lugar de inclinarse por la tradición acumulativa, eligió aquellas piezas con las cuales la conexión podría ser indirecta: una máquina de coser e instrucciones para corte, un cartel con el equipo de fútbol de la ciudad, un pasaporte de un pariente que no conoció, una imagen de niño que no recuerda… ¿mecanismos para ver de lejos o para simulación de una fuga?

 

Como si fuera una baraja en la que se decide su futuro, Barrios pone, trans-pone o re-pone su destino sexo-genérico, al cual confronta con una serie de objetos deconstruidos siguiendo la lógica del bestiario fantástico, que puede consistir en asimilar la naturaleza sexual del balón, que termina relacionándose en su tejido interno con la composición del vestido en sus colores establecidos para clasificar, diferenciar y salvaguardar la masculinidad: menos rosa, más azul… más leve, muy fuerte. 

 

Por supuesto, las imágenes que están emparentadas con el miembro viril inmediatamente conducen al espectador a hacer analogías sexuales, que por el contrario están planteadas como recursos expansivos de la ideologización de la masculinidad, la hombría, la hidalguía, los principios, la moral o la brutalidad.

 

Del protoitálico *wiro-, y este del protoindoeuropeo *uiHr-ó- ("hombre", "guerrero"). Compárese el sánscrito वीर (vīrá) ("hombre, "héroe"), el avéstico vīra ("hombre", "humano"), el lituano výras ("hombre", "marido"), el gótico 𐍅𐌰𐌹𐍂 (wair, "hombre") y el tocario A wir ("juvenil", "joven").

 

Los objetos se convierten en los argumentos que Barrios emplea para confrontar el archivo, su propio Atlas personal. Un Atlas erótico movido por una pulsión por cuestionar la horizontalidad con la cual fue tejido, rellenado, cosido, ensamblado, pintado, perforado, reforzado, abollado y diseccionado. 

 

Las formas desplegadas en los balones de fútbol descosidos, atados, que parecen desintegrarse con sólo mirar o sentir, son en el fondo los deseos que en sentido contrario a la horizontalidad con la cual nos moldean, manifiesta una visión que se expande y que circula. 

 

Sustantivo masculino… Insustancial genérico… 

 

Hombre, varón adulto. [editar]

Sinónimos: mās, homō ¿homo-sexual?

Antónimos: mulier, fēmina ¿feminizado?

 

Varón, macho. [editar] ¿varado? ¿man-chado?

Antónimos: mulier, fēmina [editando … ]

 

Esposo. [eliminando… ¿Esposas?]

Sinónimo: marītus

Antónimo: marīta

 

Héroe. [reformulando… editando Heroína]

 

Soldado. [editando… Mal-soldado]

 

 

Las líneas que van entre una imagen y otra, muestran la comunicación que se vehicula de generación en generación, y que van entrelazando una serie de juegos de identidades y roles. La cuadratura del espacio masculino que se contrapone a la circularidad de lo femenino, recuerda al campo de fútbol, la cancha de barrio, a la inconmensurable arena que se desparrama por las esquinas, en los que no cabe la libre expresión corporal, sino la rígida postura viril. 

 

Para Barrios, el ejercicio visual de un archivo confrontado y un repertorio auto-afirmado, es una exploración interna de su psiquis y de sus intereses, cuestionamiento de la práctica desde el cuerpo. Se propone una búsqueda a través de una corriente que le permite navegar en las complejidades de la cultura en la que está localizado su origen, pero con la finalidad de contaminarse de otras corporalidades, archivos y bestuarios.

 

Danny González Cueto Ph.D.  

Fragilidad

Fragmento de la novela "Un beso de Dick"  de Fernando Molano

 

Sólo faltaban veinte minutos para el cambio de clase; el profesor gritó que fuéramos a las duchas.

 

    Leonardo llevaba el balón y quiso darse el último chance pateando un tiro de media distancia que salió casi por una esquina del campo; malísimo. Los de su equipo le gritaron insultos y comenzaron a perseguirlo hacia los baños para darle una trilla; pero lo seguían sólo por broma, pensé, porque él había marcado el mejor gol del partido.

 

    Cuando llegué a los baños, lo tenían acorralado junto a un lavamanos y cada uno quería ser el primero en darle. Leonardo gritaba:

 

    — ¡Calma, calma aficionados; para todos hay! 

 

Y les decía que hicieran fila, como si le estuvieran pidiendo autógrafos. Entonces Gordo, que estaba atrás de la montonera, dijo afeminando la voz que a él le guardara la cabecita. Todos se volvieron para abuchear a Gordo, también yo desde la puerta, y fue él quien se ganó la zurra.

 

    — ¡Esto es un abuso! —Gritaba mientras les aturdían la cabeza a palmadas—. ¡Protesto!

 

    Leonardo trataba de darle con su camiseta.

 

    — ¡No proteste, Gordo, ¡no proteste! —Le decía—; ¡para qué se pone con maricadas!

 

    — ¡Ya! —gritó Gordo haciéndose el serio, y lo dejaron en paz.

 

    Algunos empezaron a desnudarse de prisa para ganar los primeros turnos en las duchas; sólo hay seis chorros en la bañera abierta. Cuando empezaron las disputas ya Leonardo estaba bajo el agua, enjabonándose de espaldas. Tato se le acercó, con la confianza que uno sólo les tiene a los árboles, el muy ladino, y se lo arrimó por detrás, como de pasada:

 

    —Ah, perdón; no me di cuenta —le dijo, y se quedó bajo el chorro.

 

(Molano, 1992, p. 17)

Metamorfosis

Retrato de un(a) infantx I

Mientras recorría su interior, me vi reflejado en una hermosa realidad, de la que nunca había sido consciente o había negado por muchísimo tiempo. No conforme con el reflejo, deseaba en lo más profundo de mi corazón hacerlo tangible y estar debajo de un spotlight color blanco que alumbra cada centímetro de mi cuerpo.