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Dominio del balón

Fotografía (serie)

2022

En el fútbol, tocar de manera ‘intencionada’ el balón con las manos es considerada una de las mayores infracciones. “Dominio del balón”, es un concepto generalmente usado en el fútbol como el arte y el conocimiento sobre el manejo del esférico, sin embargo, en esta serie se genera un doble sentido de las palabras. Las fotografías poseen únicamente dos elementos: el sujeto y el objeto. Sujeto que, con las manos, los brazos y otras partes del cuerpo ejerce acciones de dominio sobre el objeto, en este caso, balones desinflados y manipulados que cambian todo su sentido hegemónico y utilitario, transformándose en una pieza fetiche. El acto de ‘dominar’ el balón con las manos creando una atmosfera erótica, fetichista y sugestiva, pasa a ser una respuesta subversiva hacia el deporte que ha funcionado como dispositivo de domesticación masculina. 

Jagüey 2: Encuentros de arte en el Caribe

Región extendida del yo

Barranquilla, Colombia

 © Archivo audiovisual de la Universidad del Norte

Como curadora caribeña, y teniendo muy en cuenta las dinámicas de esta versión de Jagüey, me he planteado ciertos cuestionamientos en torno a las prácticas artísticas del Caribe, especialmente en cómo estas hacen eco en los circuitos centrales del arte y su afectación en las estéticas implementadas por los artistas locales con los que pude trabajar. Pero, ¿qué nos hace caribeños, qué tanto conocemos las estéticas del Caribe y cómo podríamos acercarnos a su autenticidad? ¿En qué punto dichas estéticas se han visto influenciadas por las tendencias centralistas y hacen una transición a una expresión comprensible y aceptada por estas?

 

A sabiendas que los espacios destinados a la circulación, la visibilización, así como la formación de artistas del Caribe colombiano son escasos y en muchos casos nulos, los artistas considerados periféricos, o como les llamaré de ahora en adelante, del “borde”, que buscan circular a nivel nacional, tienen tendencia a transformar o mutar tanto la forma como el fondo de sus creaciones artísticas con el fin de mimetizarse en la estética centralista y ser reconocidos por los principales gestores del sector. Podríamos considerarlo una forma de colonialismo cultural -que es visible desde la influencia de occidente en Latinoamérica- en donde las visiones predominantes cuestionan a lo amorfo su falta de forma, como lo plantea Rodolfo Kusch reflexionando en torno a la estética de lo Americano, y como la estética colonizadora absorbe y somete lo imperfecto dejándolo rezagado. Este es, desde mi punto de vista, un proceso difícilmente evitable, pero el reto de los artistas atrapados y sometidos a esta dinámica radica en conciliar ambos mundos, y lograr que proliferen piezas que interpelan al público tanto del borde, como del centro.

 

Ahora bien, acerca de lo que podríamos considerar auténtico en el Caribe y aquello que nos “une” como región, parto desde el individuo y su propia percepción del ser, entendiendo como ser el yo consciente, que desde el psicoanálisis de Freud se ha considerado como esa parte de nuestra personalidad que percibe, maneja la información, el razonamiento y el control de los mecanismos de defensa, o definido también como el núcleo de la consciencia, según Jung. El mismo yo que en la psicología social de Patricia Linville y E. Tory Higgins se entiende como las representaciones mentales que hacemos de nosotros mismos y que depende de nuestros roles sociales, relaciones interpersonales, rasgos de personalidad nucleares y de las actividades que realizamos, como la carrera profesional. Entonces, teniendo en cuenta lo anterior, podemos deducir que nuestro yo está directamente ligado a nuestro contexto demográfico, remitiéndonos al origen etimológico de la palabra, demo: pueblo, grafía: escribir, “la demografía es el estudio de la manera en que la gente se escribe o representa”, como lo define Judith Butler. Finalmente, nos sentimos parte de un grupo con el que nos identificamos, compartamos o no el mismo territorio, y estamos dispuestos a defender a ese grupo de la misma manera que estamos dispuestos a defendernos a nosotros mismos, y como esperamos ser defendidos por ellos en caso de necesitarlo. Somos Caribe porque reconocemos en un grupo determinado de personas esa región extendida del yo. 

“... No se puede hablar de inocencia ni de juego cuando se maneja la conciencia de un país con el taca-taca de la tele”

Pedro Lemebel

 

Cuando el género y el lenguaje están en el centro de la discusión política y cultural, el arte actúa como una herramienta de resistencia contra los cánones estéticos hegemónicos que nos han sido heredados e impuestos desde la colonia. El fútbol masculino se ha consolidado como el espectáculo de las grandes masas y su influencia va mucho más allá del ámbito deportivo; su discurso masculinizado busca erradicar todo tipo de presencia diversa dentro y fuera del campo, su estructura machista se ha impermeabilizado ante los movimientos sociales de inclusión hasta el punto de acosar y discriminar a los jugadores que han osado “salir del clóset” o levantar su voz. BEN (Rubén Barrios) se apropia de este fenómeno, uno de los cultos más populares del Caribe y del mundo, con el fin de confrontarnos a nuestra propia percepción de la seducción y del cuerpo masculino, utilizando juegos de palabras y la manipulación del esférico, reconfigura el significado de la práctica y del objeto en sí, de igual forma el cuerpo masculino representado adquiere una nueva postura frente al deporte. La obra de BEN, lejos de ser una postura agresiva, adapta la estética del fútbol a las nuevas masculinidades y como él mismo lo expresa, hace relucir la intrínseca atmósfera erótica, fetichista y sugestiva como respuesta subversiva hacia el impacto domesticador de dicho deporte. 

Estos seis jóvenes artistas del Caribe colombiano han concebido una serie de propuestas estéticas que rondan diversas problemáticas de la cotidianidad ordinaria y constitutiva de la región. Sus obras desbordan una gran sutileza a la hora de plantear una postura crítica y definida, y su relación con el tiempo y la apropiación de los espacios en donde se exhiben, le proporcionan una virulenta dosis de fuerza que impacta al espectador progresivamente. Pero esta no es una fuerza violenta o agresiva, es una fuerza conciliadora y amplia como una brisa cálida y húmeda que averagúa todo lo que toca, que se instala en lo más profundo de las problemáticas y va creciendo a medida que utiliza los aspectos vulnerables de cada elemento para transformarlos desde su esencia en una fortaleza. Esta selección de artistas del borde refleja sus deseos y proyecciones, que a la vez no son propios pero de un yo expandido, en un Jagüey rebozado, incontenido, que ha sobrepasado el cubo blanco para inundar y desnaturalizar el paisaje que hidrata.

Curadora: Alexandra Haddad.

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